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28 sept. 2013

Ascensión al Pico del Teide (3.718 m.), una mirada diferente

El Pico del Teide, un fascinante cono volcánico del que descendieron impresionantes coladas de lava.

Descrito por: Santos J. Lorenzo

La ascensión al Pico del Teide es, probablemente, la ascensión a una montaña española sobre la que más se ha escrito en la web. Cuando nos planteamos hacer su itinerario pensamos en darle un enfoque diferente: Realizar una excursión donde hasta los más jóvenes pudiesen disfrutar de una lección de historia y geología en pleno corazón del Parque Nacional del Teide. Para ello tomaremos como referencia la Guía Geológica del Parque Nacional del Teide, Instituto Geológico y Minero de España, ISBN: 84-7840-614-X. Espero que os guste.

El complejo Teide - Pico Viejo es fascinante. Un descomunal edificio volcánico que permite apreciar sus 3.718 m. de desnivel, entre la cima del cráter y el mar, desde cualquier punto de la isla de Tenerife.

El complejo Teide (al fondo) - Pico Viejo (en segundo plano).

Después de la construcción de este edificio volcánico se produjeron nuevas erupciones en sus laderas, que construyeron los edificios domáticos periféricos sálicos: Montaña Blanca y Roques Blancos entre otros.

El Teide. A su izquierda Montaña Blanca, un edifico domático sálico de color blanco.

Montaña Blanca es algo más que una montaña blanca. Su presencia trasciende varios kilómetros el relieve tan visual y prominente que la forma. Medio escondido entre los malpaíses de las erupciones anteriores se encuentran uno de los restos de una de las erupciones más violentas que han ocurrido en el Parque. En los primeros años de la era cristiana, cuando Roma dominaba el mundo y la bahía napolitana trataba de recuperarse de la catástrofe de Pompeya provocada por el Vesubio, tuvo lugar la última erupción del dominio de Montaña Blanca. La erupción entró en una fase explosiva de gran magnitud. Una columna eruptiva de características subplinianas se elevó a 15.000 m. de altitud emitiendo más de 0,25 kilómetros cúbicos de pumitas. En algunos puntos, la acumulación de piedra pómez fue tan grande que se explotaron como roca industrial, en las minas de San José, hasta hace pocos años.

Pero, sin duda, el Teide es el elemento morfológico más llamativo del Parque Nacional. Su altura lo convierte en el tercer volcán más alto de una isla oceánica. Solamente más elevados que él son el Manua Loa, de 4.169 m., y el Manua Kea, de 4.206 m., ambos en la isla de Hawai.

El Teide no siempre ha tenido la forma actual. El actual Pico cimero, conocido como El Pilón, es un cono perfecto de 720 m. de diámetro y 160 m. de altura. En su cima tiene un cráter semicircular de 70 m. de diámetro y 45 m. de profundidad, del que surgen pequeñas fumarolas activas que expulsan gases sulfurosos a 86 ºC

El Pilón, formado durante la última erupción volcánica, es un espectacular cono que da forma al actual cráter.

Hay dos aspectos que impresionan vivamente al visitante: las gigantescas dimensiones del edificio y las coladas negras que descienden por sus laderas.

La magnitud del edificio volcánico es de tal envergadura que la sombra del Teide se proyecta sobre el océano más allá de la isla de La Gomera

Las coladas negras pertenecen a la última erupción que tuvo el Teide y fueron emitidas por el Pico. Se extendieron en todas direcciones de manera radial. Por el flanco sur descendieron hacia Montana Blanca, a la que cubrieron solo en parte.

Las coladas negras, en primer plano, descienden ladera abajo hasta Montaña Blanca.

¿VCOLÓN LA ERUPCIÓN DE LAS COLADAS NEGRAS DEL TEIDE?

En su primer viaje a América, Colón hizo escala en Canarias para abastecerse antes de emprender el largo viaje a las Indias. El 24 de agosto pasó por el sur de Tenerife hacia La Gomera. Según relata Hernando de Colón, en su libro Historia del Almirante, toda la tripulación de la caravela vio salir fuego del Teide:

"[…] el Almirante resolvió, a 23 de agosto, volver con sus dos naves a la Gran Canaria, y así, partiendo al día siguiente, encontró en el camino al carabelón, que no había podido todavía llegar a la Gran Canaria por serle el viento muy contrario. Recogió al hombre que lo guiaba, y paso aquella noche cerca de Tenerife, de cuya montana se veían salir grandísimas llamas, de lo que maravillándose su gente, les dio a entender el fundamento y la causa de tal fuego, comprobando todo con el ejemplo del monte Etna de Sicilia y de otros muchos montes donde se veía lo mismo”

LA FASCINACIÓN DEL TEIDE: ENTRE EL MITO, EL TEMOR Y LA CURIOSIDAD CIENTÍFICA

Las islas Canarias, en especial Tenerife, han sido siempre un objetivo muy deseado para todos aquéllos que conocían sus excelencias descritas en los relatos clásicos. En ellos se hablaba de las islas afortunadas como un lugar paradisiaco y único, donde existía la montaña más alta del mundo: el llamado Pico de Tenerife.

En la época prehispánica, el Teide y Las Cañadas tenían un carácter sagrado para los guanches. Sin embargo, con la llegada de las primeras expediciones europeas, ese carácter mágico fue derivando en curiosidad científica y, posteriormente, en destino turístico.

Muy pocos fueron los viajeros que, llegados a Tenerife por motivos diversos, se sustraían a subir al Pico. En Europa, surgió una excitante fascinación entre los navegantes, marinos, científicos y comerciantes por ver la que decían montaña maravillosa.

El Pico de Tenerife era un objetivo primordial de atención por varios motivos. Suponía el faro y guía en los viajes oceánicos hacia América y África. También se consideraba, hasta finales del siglo XVIII, la montaña más alta del mundo, lo que, evidentemente, aumentaba el interés por visitarla, medirla y ascenderla. Su visión directa nunca decepcionó al viajero intrépido. Calificativos como los de montaña mágica, majestuosa, amenazante, entre otros, expresan esa impresión grandiosa que provocó, y continua provocando, su contemplación.

Han sido muchas las expediciones que, desde finales del siglo XV (fecha de la colonización hispana), han ascendido al Teide, bien para satisfacer el reto de coronarlo, bien para realizar observaciones científicas.

Fueron viajeros ingleses y franceses los pioneros que llegaron con fines científicos y culturales. En 1.555, el religioso francés André Thevet, ya menciona que en el Teide hay piedras muy porosas, como esponjas, escorias de hierro y piedras de azufre. En 1.645, el capitán francés G. Coppier relata que en Tenerife hay una montaña inaccesible que expele, sin cesar, por lo alto, humaredas llameantes.

En 1.683 el ingeniero A. M. Mallet comenta del Teide que en "otros tiempos se creía que en su cumbre había bocas que vomitaban llamas como el monte Etna, en Sicilia, pero hoy ya no se ve nada de eso". Mas tenebroso resulta la descripción del escribano y escritor R. Challe cuando narra, unos anos después: "Dicen que nadie ha subido nunca a la cima del Pico porque es inaccesible a causa de las nieves y el frío. Confieso que estos son terribles obstáculos añadidos a la longitud y pendiente del camino, pero si yo fuera su dueño, enviaría allí a los desdichados condenados a muerte, e indultaría a los que lo consiguieran".

A partir del siglo XVIII, ilustres naturalistas y científicos europeos comienzan a llegar a Tenerife, en misiones oficiales, para realizar mediciones geográficas. Su objetivo era determinar el meridiano cero, establecer la posición geográfica correcta de Canarias y medir la altura del Teide. Aunque desde tiempos de Ptolomeo el primer meridiano cero se situó en la isla de El Hierro, por ser, hasta el descubrimiento de América, el límite del mundo conocido. La referencia primordial de navegación para franceses y holandeses era el Pico del Teide. Esta querencia duro muchos años, e incluso figuraba como meridiano cero en casi todas las cartas náuticas hasta finales del siglo XVIII. Fue en 1.883 cuando, de manera definitiva, la presión política de los ingleses estableció el meridiano cero en el observatorio de Greenwich, cerca de Londres.

En 1.776, en su tercer viaje a Tenerife, el geodesta y matemático francés J. Borda realizó la primera medición exacta de la altura del Teide, 3.712,8 m. En aquellos tiempos, el pensamiento ilustrado que se abría paso en el continente europeo también llego a Canarias.

Con las observaciones del polígrafo canario José Viera y Clavijo comienzan las descripciones propiamente geológicas del Teide. Viera describe, en 1.779, las rocas volcánicas de Las Cañadas y el cráter del Teide.

En 1.785, la expedición del francés La Perouse llega a Santa Cruz con un equipo de naturalistas. Lamanon, el encargado de la geología y mineralogía, asciende al Teide. En su informe recoge muchas observaciones del volcán, en los siguientes términos: "El cráter del Pico es una auténtica azufrera que tiene la mayor semejanza con los de Italia; tiene aproximadamente 50 toesas de longitud por cuarenta de ancho, y se alza empinádamente del oeste al este. En los bordes del cráter y, sobre todo, hacia la parte más baja, existen varios respiraderos o chimeneas de donde exhalan vapores acuosos y ácidos sulfurosos cuyo calor hizo subir el termómetro de 9 ºC hasta 34 ºC. El interior del cráter está cubierto de una arcilla amarilla, roja y blanca, y de bloques de lavas descompuestas en parte: bajo estos bloques se encuentran soberbios cristales de azufre". La expedición de Labillardière, enviada por el gobierno francés en busca de La Perouse, subió al Teide y realizó importantes observaciones científicas, como el posible origen para Las Cañadas: "Esta cumbre está terminada por una cresta cuya mayor elevación esta hacia el noroeste. Se observan hacia el sudoeste una fuerte depresión que parece haber sido producida por el hundimiento de tierras."

En 1.779, el naturalista alemán Alexander von Humbolt pasó por Tenerife y subió al Teide. Sus descripciones geológicas del pico, las publico años más tarde en su trabajo Cosmos.

Pero fue durante el siglo XIX cuando se hicieron las primeras cartografías y los estudios geológicos de importancia científica. En 1.803, el ingeniero de minas francés, Pierre Cordier realiza varias anotaciones geológicas que publicó en un artículo científico. En 1.815, las islas reciben a uno de los pioneros en el estudio de los volcanes, el alemán Leopold von Buch, amigo de Humboldt. Buch levanta un mapa topográfico de Tenerife y, ante la enorme envergadura de la depresión de Las Cañadas, acuña el término caldera para las grandes depresiones cimeras. Igualmente, y como consecuencia de las visitas a Las Cañadas y a la Caldera de Taburiente, reafirmó su teoría volcánica de los cráteres de elevación. Según esta teoría, los cráteres se producían por dilatación del suelo horizontal debido a la presión ejercida por los vapores a altas presiones procedentes del subsuelo. Cuando los vapores lograban escapar, la cúpula hinchada caía y se formaban los cráteres.

En 1.842, cuando aún Francia era la potencia científica de Europa, el geólogo francés Ch. Saint-Clare Deville, muy interesado en los volcanes y sus emanaciones gaseosas, visitó Tenerife. Fruto de ese viaje fue su publicación titulada Études geologiques sur les îles de Tenerife et de Fogo.

En 1.854, el geólogo alemán George Hartung investigó la geología de Canarias. En ese año estuvo en Tenerife acompañando al ilustre geólogo inglés y fundador de la geología moderna, Charles Lyell. Lyell acumuló muchas evidencias sobre las edades de las coladas y las formaciones de los conos volcánicos. Volvió a Sicilia en 1.858, e hizo entonces las observaciones sobre la estructura del Etna que refutaban la teoría de los cráteres de elevación propugnada por von Buch. Años más tarde, Hartung, junto a los también geólogos alemanes Fritsc y Reiss, publicó el primer mapa geológico de Tenerife.

En 1.889, fue otro geólogo alemán, A. Rothpletz el que publica un mapa esquemático de Tenerife con las formaciones geológicas del valle de La Orotava.

A finales del siglo XX, el Teide es algo más que una montaña para estudiar geología. Es una verdadera atracción para el flujo creciente de turistas que visitan la isla, aunque, como es lógico, durante el siglo XX, continúo la investigación geológica de Tenerife, en especial la vulcanología del Teide y Las Cañadas. Escuelas alemanas, francesas, inglesas y españolas siguieron estudiando las peculiaridades geológicas de tan singular espacio, mezcladas, cada vez más, con autobuses de turistas atraídos por el sorprendente paisaje que se contempla en el Parque Nacional.

VOLCANES PELIGROSOS

Hoy en día, muchos volcanes activos se encuentran próximos a la fase de explosión. La Asociación Internacional de Vulcanología y Química del Interior de la Tierra ha declarado volcanes de la década a los que suponen un riesgo importante para los núcleos de población cercanos, y que han sido declarados para controlarlos y estudiarlos en detalle. Son los siguientes: Avachinsky-Koryaksky (Kamchatka), Colima (México), Etna (Italia), Galeras (Colombia), Manua Loa (Hawai), Merapi (Indonesia), Nyiragongo (Republica Democratica del Congo), Sakurajima (Japon), Santa María (Guatemala), Santorini (Grecia), Taal (Filipinas), Ulawun (Papúa Nueva Guinea), Unzen (Japón), Vesubio (Italia) y Teide (España).

Complejo Teide - Pico Viejo. Cráter del Pico Viejo. La estación vulcanológica de Canarias ha elaborado un mapa del riesgo de erupción del volcán Teide.


Anotaciones
La ascensión al Teide puede efectuarse, bien desde el nivel del mar, bien desde el itinerario que se inicia en la falda de Montaña Blanca o bien desde la estación superior del teleférico a 3.555 m. de altitud. En todos los casos el acceso al cráter del Pilón, sólo se puede efectuar por el sendero número 10, Telesforo Bravo. Por razones medioambientales, el acceso al Pico está regulado requiriendo permiso, que otorga la Administración del Parque Nacional. Puede obtenerse gratuitamente tramitándolo on line en www.reservasparquesnacionales.es Más información en: www.telefericoteide.com/altavista

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